Volver a ser niños

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Hemos pasado a la madurez, bendito estado caótico de nuestro ser, donde se acumulan nuestras preocupaciones, donde nuestra mente dibuja escenarios de desdichas, donde nuestro sueño se convierte en pesadillas, un estado de nerviosismo permanente, de latente tristeza, un estado de ansiedad por llegar no sé adónde, un túnel de penumbra de fácil acceso y complicada salida.

Durante algunos años, aproximadamente hasta los 14 (depende cuando llegue la citada teórica madurez) fuimos felices, insensatos, emotivos, cariñosos, creativos, impulsivos, dóciles, divertidos, pero no aprendimos para siempre, fue un estado transitorio, entonces nuestro cerebro estaba preparado para emocionarse y vivir.

Fueron aterrizando los pecados capitales, para reconducir a partir de ese momento nuestro comportamiento y modelar nuestra personalidad, se anclaron en nuestra conducta y se acomodaron para quedarse, sólo una reflexión magistral de nuestro pensamiento racional, y en muy pocas ocasiones, los apartan de nuestro día a día.

¿Se puede hacer algo?

SÍ es cuestión de recuperar:

  • Respeto. Los individuos somos diferentes y aceptar nuestra propia individualidad y la de los demás, es un reto.
  • Mando. Siendo consecuentes con nuestros objetivos, sabiendo, qué, a quién y cuándo, debemos dar una instrucción.
  • Diálogo, como capacidad para escuchar activamente con la intención de sopesar todas las opiniones antes de tomar una decisión.
  • Flexibilidad, cómo el arte de adaptarse al cambio, encontrando en él un sinfín de oportunidades.
  • Asertividad, el ser determinante pero sin herir a los demás.
  • Voluntad, que unida a la tenacidad, hacen que la falta de conocimiento, se supla con las ganas de ejecutar una tarea.
  • Compromiso, cómo la facultad de poner empeño en buscar y conseguir la excelencia.
  • Motivación, para encontrar valor a lo que hacemos y expectativas en conseguir lo que nos proponemos.
  • Ilusión, cómo motor reactivo de nuestras actuaciones profesionales.
  • Tranquilidad, espacio personal de mesura, para reflexionar antes de acometer.

Hace falta, “Volver a Ser Niños”, para seguir teniendo aprecio a lo logrado y misión para alcanzar retos, hace falta volver a no querer dormirse, levantarse temprano aunque sea domingo, a pelear y volver a recuperar la amistad, a tener muchas y grandes relaciones para siempre. ¡VIVIR!

Hace falta “Volver a ser Niños

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Publicado por

antoniosanchezmigallon

Experto en formación y desarrollo de profesionales con más de treinta años de experiencia en actividades de formación consultiva.

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